
Publicado el diciembre 31, 2008 a las 2:49pm
Publicado el noviembre 20, 2008 a las 5:08am
Publicado el julio 20, 2008 a las 4:57pm 2 comentarios

Publicado el mayo 11, 2008 a las 1:05am

Publicado el abril 23, 2008 a las 5:12pm 1 comentario
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Simpáticos saludos...
Pilar Ana
Una idea brillante de Megagrupo de relatos.
Ojo de Sirena
De : Tere Marichal Lugo
Allí agua salada y coral rojo profundo. Canto enloquecedor, cabello enredado, peine de caracol y dientes de tiburón. Flotaba como medusa en aquel espacio lleno de químicos que enrojecían su pupila y su córnea. Los recuerdos la habían hechizado.
Su corazón era normal: un solo ventrículo y una aurícula. Ese extraño ser exponía la perfección de su cuerpo sobre aquellas rocas esculpidas por las olas. Su cola era abanico que se besaba con el mar. Sus escamas resplandecían como monedas de oro de algún tesoro abandonado en lo profundo de aquellas aguas donde ella , junto a sus hermanas, ejercían todo el poder y el control. Fieras de las profundidades de miradas lejanas y ambiguas. Así eran las sirenas.
Nadaba cerca de las islas de Sorrento, cuando se percató de la presencia del fantasmagórico barco que intentaba invadir aquellos mares. Tenía hambre. Sintió que su corazón bombeaba más sangre que de costumbre. Ella quería devorar el cuello azotado por el sol, sentir el mordisco fatal y maravillarse con el rojo pasión. Por eso, cuando divisó las blancas velas sacudidas por el viento, salió del agua y sobre roca de mar se sentó con cepillo de caracoles. Escondió sus dientes triangulares como cuchillas, que aparecían dispuestos en su mandíbula en varias filas ligeramente inclinadas hacia el interior porque sólo así daba la impresión de ser completamente inocente.
Engalanada con collares de coral rojo y caballitos de mar sentía cómo su sangre, que tenía una alta concentración de urea y óxido de trimetilamina, comenzaba a correr velozmente para mantener los fluidos del cuerpo en equilibrio con el agua de mar.
Salir del agua y sentarse a esperar era una hazaña cotidiana. Ella estaba siempre al acecho de algún cándido navegante. Medusa sobre piedra, acariciando sus cabellos como ninfa frágil y desvalida. Estaba excitada. Miraba su piel, cubierta de escamas placoides y se imaginó haciendo el amor con un tiburón blanco, de esos que todavía existen por las costas de Africa. Gozo, riesgo, disfrute, deleite, embriaguez. Así sentía mientras comenzaba a entonar aquella melodía aliquebrada y perturbadora.
Su canto enloquecía a todos por igual. No importaba la raza, ni el idioma. Ella había logrado su propósito siempre: fascinar para destrozar. Tener un buen
Un abrazo, L.
Un abrazo, Lili.
Acepto encantado. Ya me daré algunos paseitos por aquí. Nos vemos.
Saludos cordiales.
Abrazos, Lili
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