Hoy inicio escribiendo en este blog a título propio, ya que tengo otro blog que es escrito por mi propio libro
Café Toscana. En él son mis manos sobre el teclado, el instrumento de una perspectiva dictada por un sueño mismo, las palabras de mi libro expresadas desde un contexto delimitado dentro de su portada a contraportada.
Pero en él no puedo hablar de todos los temas que quisiera, hoy por ejemplo se me ocurre hablar de los duelos.
En la vida de todos existen ciclos, relaciones, situaciones que llegan a su fin, pero hay que reconocer que no siempre el punto final implica el momento en que podemos superarlas.
La muerte, las rupturas, separaciones, involucran a las relaciones humanas, siempre complejas y con un duelo implícito.
Será difícil superar el no volver a ver una persona en nuestra vida, o bien no volver a verla como el personaje que ocupaba en nuestra trama.
Son tantos los detalles y las sensaciones que habrá que obviar para continuar, escuchar una simple canción, percibir su característico aroma en algún rincón encerrado del lugar que albergó sus pertenencias.
El dolor que se vive es muy profundo, la pena sobre uno mismo, la victimización, nos engañan haciéndonos creer que vamos superando la situación con gran madurez, característica de un ser civilizado y estable, porque de lo contrario alguien podría creer que estamos perdiendo la razón.
Nos olvidamos de ser humanos, reprobamos a los demás por su falta de empatía, pero esta materia, es exclusiva del individuo y su alma, nadie más podrá entender.
No se puede sanar si no existe paz interior, y vaya que conseguirla es toda una apuesta, odiamos a los sabios que dicen que sólo es cuestión de tiempo.
Pero después de todo así es, el tiempo es el único que puede curar, siempre y cuando la paz sea forjada a partir de nuestro interior.
La paz que hoy empiezo a respirar se basa en la búsqueda de mis sueños, en los que creo que voy a lograr, en el trabajo implícito de esforzarse por conseguirlos.
También se requiere de gratitud hacia la vida que nos regala mil maravillas todos los días, imperceptibles para muchos, atesoradas para muchos más.
Pero el duelo termina al fin y entonces logramos de nuevo obtener la capacidad de sentirnos francamente felices y en paz.
Brindo hoy, con aquel que me acompañe con esta lectura porque mi final llegó y estoy llena de comienzos.

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