[Traducción del
post publicado el 27 de abril de 2008 en
El Llibreter. No he traducido
los comentarios.]
Un cambio de caligrafía que al cabo de los años volvía anticuados a los manuscritos más antiguos, los cuales quedaban arrinconados en la biblioteca hasta que alguien usaba el pergamino donde descansaba aquella letra ilegible para encuadernar libros nuevos. El paso del rollo al códice, hacia el siglo IV d.C., con el cambio de hábitos de escritura y lectura que condujo, también, al olvido de títulos que no fueron copiados a tiempo. Cada cambio en las formas de transmisión de la escritura ha comportado la pérdida de infinidad de obras.
Siglos más tarde, no es que los incunables imitasen al libro manuscrito, es que en los inicios de la imprenta era difícil concebir una forma diferente de libro. Si bien había quien desdeñaba aristocráticamente la producción en serie de códices, la posibilidad hasta entonces impensable de poder consultar ejemplares idénticos en París, Venecia, Londres o Valencia, o la mayor facilidad con que la bibliotecas particulares crecían, iban modificando los hábitos de lectura. Pese que alrededor de las universidades existían talleres que se apresuraban a producir libros con materiales de baja calidad, la consolidación de la imprenta permitió la difusión de la lectura extensiva, sin que la lectura intensiva hasta entonces predominante se perdiera del todo.
Más importante que la aparición de
reproductores de libro electrónico es la aparición de una nueva forma de lectura que exige el dominio de
estrategias y habilidades que cambian la forma de atención al texto. Tengo la sensación que aparatos como el
Kindel de Amazon o el
Reader de Sony o el
Papyre de Grammata y similares tienen que ver con la inercia de asociar al libro a una forma exclusiva de transmisión textual, como siglos atrás los incunables se parecían a los manuscritos hasta que desarrollaron estrategias tipográficas propias. La forma idónea de transmisión del libro electrónico sería, por tanto, el ordenador. ¿Por qué querría un aparato diferente del que utilizo habitualmente para leer en pantalla? Cada vez que pienso en ello estoy más convencido que la evolución de los ordenadores portátiles relegará a los reproductores de libros electrónicos a los estantes de los museos de inventos curiosos.
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