Cernuda. Años Españoles.
Cernuda. Años españoles (1902-1938)
de Antonio Rivero Taravillo
Cernuda está siendo cada vez más valorado. Su poesía ya está en los cánones universales, pero el hombre detrás de los poemas seguía en algo peor que el olvido: en el estereotipo. Muchos se habían quedado con su caricatura, al igual que ocurre con Bécquer, el poeta con que más se le compara. Así, Cernuda era el poeta distante y fino, poco dado al compromiso con la realidad, que odiaba a Sevilla; en definitiva, un homosexual atildado.
La biografía de Rivero se suma a otros libros que ya hablaron del poeta pero, por su dedicación y saber literario, este libro puede ser el que anime a otros muchos a hablar del sevillano. Sobre todo, destaca la profusión de datos y enmiendas a errores de otras biografías que se hace en este estudio; si utilizamos un símil pictórico, el retrato de Cernuda pintado por Rivero estaría realizado con la técnica del puntillismo.
El título de la biografía está inspirado en la famosa biografía de Nabokov escrita por Brian Boyd, que se dividía en los libros Los años rusos y Los años americanos. Así, este Cernuda. Años españoles (1902-1938) es la primera parte de una biografía que habrá de contar, también, los años del exilio. Sin duda, el XX Premio Comillas recibido por este volumen obligará a Rivero a cumplir con su palabra.
Rivero ya había escrito sobre el poeta en Con otro acento. Divagaciones sobre el Cernuda "inglés", que se llevó el premio Archivo Hispalense en el 2005. Además, en sus páginas deja caer cuánto ama la poesía de Cernuda, lo que ayuda a embarcarnos en la búsqueda de un ser tan, a veces, esquivo como lo fue el escritor sevillano.
Dos libros de Cernuda le sirven a Rivero para guiarse sobre su interior, sobre lo que siente: Historial de un libro y Ocnos. En estas dos obras, el poeta deja escritos sus sentimientos sobre Sevilla, en Ocnos sobre todo, y sobre lo que le ocurrió y lo que pensó en sus años de juventud. Se nota que el biógrafo ha frecuentado hemerotecas y bibliotecas, pero también que se ha entrevistado con personas que trataron o que están relacionadas con Cernuda. Gracias al buen manejo de la bibliografía que hace Rivero, además tenemos retratos de cómo era la Sevilla del joven Cernuda, apoyados por los testimonios encontrados en libros de José María Izquierdo o Laffón.
El mayor enemigo para encariñarse con la figura de Cernuda, es el propio poeta. Ni un mártir, ni un publicista, su figura siempre fue tan poco atractiva como aprovechable. Muestra de ello es que el carácter elusivo de Cernuda le lleva a romper su relación con amigos, incluso con los íntimos como Higinio Capote, con razón o sin ella.
Su paso por la escuela tampoco generó grandes entusiasmos entre sus profesores. Gracias a esta biografía, que aclara de manera definitiva la genealogía y los primeros años del escritor, nos damos cuenta de que Cernuda tuvo el mismo profesor que otro raro escritor sevillano, Cansinos Assens, ya que ambos estudiaron en el colegio Calasancio Hispalense. En la Universidad, Pedro Salinas dio clases de Literatura a Cernuda, aunque el maestro no quedó impresionado por el discípulo, cosa de la que se lamentó más tarde, e incluso se puede hablar de un claro desencuentro. A Cernuda no le gustó que Salinas dijera que él era "muy raro y que sólo me gusta estar escondido en casa", porque eso quería decir que no le conocía.
Los escritos primerizos de Cernuda tampoco fueron bien acogidos, e incluso su Perfil del Aire se ganó muchas críticas, aunque también algunos piropos como los de Bergamín. El poeta diría después: "aquello que te censuren, cultívalo, porque eso eres tú". Tampoco le gustaban algunas licencias que se tomaban en el trato los sevillanos, los andaluces en general, ni era aficionado a los toros ni al cante jondo. Esto le distanciaba de sus vecinos y, también, de gran parte de la Generación del 27, tan dada a la mezcla del flamenco, los toros, la juerga y los recitales poéticos.
Cuando el poeta se va de Sevilla, se siente aliviado. Pero esto es algo que le ocurrirá en otras ocasiones, en otros lugares, por lo que parece que este desapego es más un sentimiento universal propio que un odio a todo lo sevillano. Ni siquiera Tolouse, a donde fue para enseñar en un primer destino, ni Madrid, Valencia o Málaga, quizá en donde pasó varios de sus días más felices, le llenaron del todo. Lo que de verdad le gustaba era la combinación de "crepúsculo, niebla, sherry y jazz", eso y cenar con los amigos para conversar de camino a casa.
Que era demasiado distante y que solo se trataba con sus semejantes lo desmiente su amistad con Fernando Villalón, el orondo poeta de Morón de la Frontera. El aspecto de picador de uno y de dandy del otro, les asemejaban a una pareja cómica del cine mudo, como apunta Jacobo Cortines. Pero ni la diferencia de carácter, ni de actitud ante la vida les distanció. A pesar de lo cual, no invitaron a Cernuda a un homenaje a Villalón tras su muerte, lo que deja a las claras que los clasistas eran otros.
Tampoco es cierto que Cernuda no quisiera nada con el pueblo llano. Esto se contradice con su ingreso en las Misiones Pedagógicas, en otoño de 1931, encargándose de la creación de bibliotecas. Él, que amaba el cine y la música, pudo comprobar las caras de asombro de sus paisanos cuando veían por primera vez una película o escuchaban un disco. También se unió a la Alianza Antifascista por la Defensa de la Cultura. A pesar de todo ello, el ambiente asesino y cruel de la Guerra Civil le llevó a una checa de la valenciana calle Germanías, pues se creía que en sus escritos había mensajes en clave que denunciaban al bando republicano. Cernuda, homosexual y nada gregario, se dio cuenta de que también tenía enemigos en su propio bando.
Cernuda no disimuló su homosexualidad en la manera en la que era casi obligado en la época. Su despertar sexual, admirando los cuerpos de los chiquillos que se bañaban en el Guadalquivir, recuerda a algunos versos de Walt Whitman. Su homosexualidad, que dio a la imprenta el explícito Los placeres prohibidos, le acarreó algunos desamores: el más importante fue el de Serafín, un gallego pobre y triste que llegó andando a Madrid y que Lorca presentó a Cernuda. La fecha que el destino eligió para el exilio, un 14 de febrero de 1938, a nosotros nos suena irónica, como un amargo día de los enamorados. Y algo de amor hubo, pues poco antes, Cernuda se pondría en contacto con Serafín, que pasó la frontera junto a toda la troupe de la película Sierra de Teruel, de Malraux, en la que él tenía un pequeño papel. Era un adiós definitivo a un amor y a España.
Por último, reseñar que la edición de Tusquets cuenta con una amplia colección de fotos en las páginas centrales, en las que aparece Cernuda casi siempre en bañador o en una cuidada pose sosteniendo un libro, y con un índice onomástico al final, que es de agradecer. Todo ello da cuenta del cuidado de la editorial en la edición de este libro premiado.
Tags: biografía, cernuda
Compartir
¡Necesitas ser un miembro de Red de blogs y libros para añadir comentarios!
Únete a esta red